domingo, 13 de enero de 2013

Reuniones familiares

Parece mentira lo predecibles que podemos llegar a ser, siempre que organizo una reunión familiar, me propongo lo mismo, intentar no hablar demasiado. Porque a pesar de que los años me han hecho moderarme,  mi natural es risueño y charlatán, amigo de anécdotas, risas, buena conversación.

Bueno, pues aunque intento contenerme y el humor últimamente no me acompaña mucho, no se como me las arreglo, pero termino hablando hasta por los codos, contando anécdotas de hoy y de ayer, y en vez de escuchar yo, terminan escuchándome a mi. Y no solo eso, además siempre hay algún invitado ya sea familia o buen amigo, que además de entretenerse con mi charla sin poder evitarlo, termina recordando esos detalles de mi niñez o juventud, que a ellos les llamaba la atención, pero que a mi cuando los oigo de sus labios, me provoca una nostalgia inmensa a la que le sigue una emoción que siempre va acompañada de lágrimas.

Total que siempre termino, excusándome en recoger platos o en traer algo a la mesa para esconder mis lloros. Y eso ha sido lo que me ha pasado hoy, estaba tan tranquila hablando, cuando una buena amiga de la familia que comía enfrente mía, se ha llevado la mano a la boca , ha sonreído un poco nerviosa y aunque quería callarlo para ella, se le ha escapado " madre mía a quien me acabas de recordar", como me conoce bien y sabe que soy de emoción fácil, ha intentado que pasara el momento sin más, pero para mi curiosidad ya era tarde, y ante mi pregunta me ha dicho," me acabas de recordar a tu padre".

Es normal que le pueda recordar, porque para eso soy hija suya, pero puesto que físicamente me parezco más a la familia de mi madre, ese recuerdo ha sido por ademanes, por el tipo de humor ácido, irónico.... por cosas que muchas veces no sabemos explicar pero que hacen que alguien, que murió hace 17 años, por un segundo venga a nuestra mente, incluso a nuestros ojos.

 Y ese ha sido el detonante para que tuviera que ir urgentemente a la cocina a llevar unos platos, para evitar que se vieran mis ojos llenos de lágrimas, porque aunque ella me conoce bien y sabe que después de tantos años, no pasa un día sin que me acuerde de él, a mi me da mucho pudor y vergüenza, ser tan transparente, tan vulnerable.....tan niña en mis sentimientos. 

sábado, 12 de enero de 2013

¿Decidimos, nosotros o el destino?

Cuando naces, te dan un libro para que lo vayas escribiendo con tu vida, pero resulta que lo que tu pensabas que era un libro en blanco, ya venía con el título, un prólogo al estilo del Génesis del Antiguo Testamento o sea , mi bisabuelo engendró a mi abuelo y mi abuelo engendró a mi padre...y un glosario de términos sin los que no se podría entender no solo tu existencia si no la de toda tu casta.

El ambiente, la época, el pueblo o la ciudad que te vio nacer dejan huella pero también dejan huella los ambientes las épocas y los sitios donde nacieron tus padres.
Si eres de carácter dócil, y te crían en el respeto a tus mayores y en el temor a Dios, como se decía en el siglo pasado y encima eres mujer, es inevitable que antes o después te veas entre la espada y la pared.
Que pesa más lo que tu quieres ser, lo que tu quieres hacer o el cumplir con el deber de hija.

Llevo años, pensando que yo sola cavé mi propia tumba, yo sola decidí no moverme de las faldas de mis papas. Tal vez por mis miedos, por mi timidez o por mi sensación de que si elegía otro camino dejaba a mis padres en la estacada. Tan solo me revelé y me puse cabezona en defender mi relación con mi chico. Quizá lo hice todo al contrario, pero eso nunca lo sabré.

Ahora mismo solo se que soy como un perrillo atado y que tome el camino que tome, lo único que consigo es enredarme mas y hacer el nudo mas fuerte.

No se cuando, ni donde ni como pero estoy segura que tiene que haber un detonante, algo que vuelva mi vida del revés......o del derecho, quien sabe. Pero hasta ahora he sido lo que querían o esperaban de mi, y puede ser que cuando la vida me vaya quitando ligaduras y responsabilidades, sea mi hora, nunca es tarde.